NO SOY UNA ASESINA


Fueron segundos que parecieron eternos, la bala salio de la pistola, juro que pude ver su trayecto, una parte de mi quería detenerla, de haber podido quizá lo habría hecho, no soy una asesina. Fue muy tarde mi arrepentimiento, otra parte de mi estaba feliz porque sabia que acabaría con él, que él se iría y con él sus maltratos, sus golpes y sus abusos. 

Vi la bala penetrar su frente y abrir con cuidado y sin permiso cada capa de piel hasta llegar a su cráneo que partió con mucha facilidad, se demoro un poco en salir acompañada de un salpicon de sangre que termino retratando ese hermoso momento en la pared y en algunos cuadros. Mis manos y pies temblaban, y mi boca y nariz aun sangraban por los golpes que me dio segundos antes. Ese fue el único golpe que le dí y al parecer el ultimo. Me acerque para verlo; pobre y sin vida, su boca ya no me ofenderá, sus enormes manos ya no me golpearán y sus ojos ya no me miran con odio. 

Suenan las sirenas. Gane mi libertad a la vez que la volví a perder. Ese hombre pudo terminar con mi vida en cualquier momento, pero lo detuve, fui mi heroína. 

El oficial entra a la habitación, es el mismo que intervino en cada violencia que sufría, cada vez que él me lastimaba, sabe y me conoce lo suficiente como para entender mi decisión y saber que no soy una asesina. Voltea a ver el cadáver, voltea y me mira a los ojos a la vez que extiende su mano diciéndome con su mirada que le devuelva su pistola.

Se la devuelvo agradecida.
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